Mundo Emprender

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04/30/2026
12/30/2025

Reflexión cristiana para un nuevo comienzo
Ministerio Radial “La Hora del Principe de Paz”
¿De verdad vas a entrar al 2026 igual como saliste del 2025?
Cada año que termina nos deja una pregunta que no se puede evitar:
¿De verdad vas a entrar al 2026 igual que saliste del 2025?
Dios, en su amor, nos regala el tiempo no solo como una secuencia de días, sino como una oportunidad constante de transformación. La Palabra nos recuerda: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).
Sin embargo, muchos entran a un nuevo año con la misma carga, los mismos temores, los mismos hábitos y, sobre todo, sin un propósito definido.
1. El propósito no se descubre a la carrera, se ora y se obedece
Dios no improvisa; Él guía. El problema no es que Dios no hable, sino que nosotros no nos detenemos a escuchar.

Pregúntate con honestidad:
“Señor, ¿para qué me estás preparando en este nuevo año?”
Tal vez el Señor quiere que sanes una relación, que restaures tu fe, que avances en un ministerio, o que pongas orden en tu vida emocional o financiera. El propósito es único, pero siempre apunta a lo mismo: acercarte más a Cristo y reflejarlo mejor.
2. El plan de acción es tu respuesta al llamado
No basta desear un año distinto; hay que caminarlo distinto.
Un propósito sin un plan es solo un sueño bonito.
Un propósito con un plan se convierte en obediencia.
Empieza así:
• Aparta tiempo diario con Dios: cinco minutos de oración sincera hoy valen más que un deseo ruidoso el 31 de diciembre.
• Escribe tus metas espirituales y personales: lo que se escribe, se trabaja.
• Pide rendición y disciplina: sin ellas, no cambiarás.
• Aléjate de lo que te desvía: una persona, una costumbre o un pensamiento pueden estar robándote crecimiento.
• Rodéate de voces que edifiquen: nadie crece en soledad, pero tampoco se avanza rodeado de quienes te frenan.

3. Deja en el 2025 lo que Dios no quiere que cargues en el 2026
El año nuevo no traerá nada nuevo si tú sigues siendo el mismo.
El cambio no lo trae el calendario; lo trae el Espíritu Santo cuando le abrimos la puerta.
Deja atrás:
• El miedo a fallar.
• La culpa que ya fue perdonada.
• El hábito que sabes que te aleja de Dios.
• La comodidad que te mantiene tibio.
• La excusa que te ha detenido tantos años.
4. El 2026 será diferente solo si tú decides ser diferente
Dios ya puso los recursos: su gracia, su Palabra, su Espíritu, su favor.
Ahora te toca a ti dar el paso.
Este nuevo año puede ser el más fructífero de tu vida.
Puede ser el año en que tu fe se afirme, tu carácter madure, tus sueños renazcan, tus relaciones sanen y tu ministerio florezca.
La pregunta vuelve, más fuerte que al inicio:
¿De verdad vas a entrar al 2026 igual que saliste del 2025?
Dios te llama a caminar con propósito.
A avanzar con un plan.
A vivir con determinación.
A creer que aún hay más.
Porque en Cristo, tu historia todavía se está escribiendo.
Amen, Amen, Amen. Invierno 2025 Hermosa realidad del desierto de Texas.

08/02/2025

Historias para emprender a ser millonario..,

“Los millonarios hacen todo al revés… y por eso les va mejor”



El día que me cayó el veinte

Un día cualquiera, de esos donde uno se cuestiona por qué trabaja tanto y no le rinde, me encontré con Lucho, mi amigo el millonario. Ya sabes, ese mismo que era el b***o del salón y ahora anda manejando un carrazo con más botones que mi microondas.

Estábamos echando un cafecito cuando le solté la pregunta que me traía pensando desde hacía rato:

—Oye, ¿por qué los millonarios hacen todo al revés?
—¿A qué te refieres? —me respondió mientras revisaba algo en su celular de pantallota.

—Pues nosotros trabajamos como b***os todo el día, entramos temprano, salimos tarde, nos matamos por sacar la chamba… y ustedes ni sudan, ni se les ve en la oficina. ¿Qué onda con eso?

Se rió. Pero no con burla, sino con esa risa de “te falta barrio financiero, compa”.



El arte de pensar distinto

Lucho me explicó que los millonarios no es que no trabajen. Trabajan, pero de otra forma. No venden su tiempo, compran el de otros. No hacen todo solos, construyen sistemas. No se la pasan en cursos obligatorios de la empresa, ellos pagan por su propia capacitación.

—A ver —me dijo—, ¿tú sabes cuánto cuesta un MBA?

—Sí, como medio millón de pesos, ¿no?

—Exacto. Y lo más curioso es que hay gente que paga eso, no para buscar chamba, sino para aprender a montar empresas y contratar a los que sí estudiaron ese mismo MBA.

Yo nomás lo miraba con cara de “este güey ya se fumó algo”, pero luego me soltó la bomba:

—La universidad te enseña a trabajar… pero no a hacer dinero. A ver, ¿cuántas clases tuviste sobre cómo manejar tus finanzas personales?
—Ninguna.
—¿Sobre cómo invertir tu dinero?
—Cero.
—¿Te hablaron de ingresos pasivos?
—Ni en sueños.

Y fue ahí cuando me cayó el veinte como piedra en la cabeza.



Lo que nadie te dice

La neta, siempre había visto con recelo eso de los cursos online, los ebooks, los mentores. Decía: “nah, puro vende humo queriendo sacarte tu lana”. Pero mientras yo andaba viendo si Netflix subía otra temporada de narcos, Lucho andaba comprando su siguiente mentoría.

—Las masas se burlan de lo que no entienden —me dijo—. Y mientras critican, los ricos se entrenan.

Me explicó que muchos de los millonarios que él conocía tenían coaches de vida, de negocios, de mentalidad. Que viajaban a tomar seminarios, que invertían en programas carísimos para mejorar su pensamiento financiero.

Y yo, que apenas si pagaba la membresía del gym (y ni iba), nunca había comprado ni un ebook.



Esto aprendí

Ese día me quedó claro que:
• Los millonarios invierten en conocimiento que les da más libertad.
• No se burlan de los que enseñan, aprenden de ellos.
• Automatizan y sistematizan sus negocios para no depender de estar presentes.
• No necesitan títulos universitarios para hacer dinero, necesitan habilidades.
• Los millonarios entrenan a su equipo para hacer crecer su dinero.
• La mayoría se entrena… para seguir trabajando en el sueño de alguien más.

Y lo más fuerte:
• Si tú no inviertes en ti, alguien más lo hará para que trabajes en su sistema.



El final que no esperabas

Lucho me dejó con esta última reflexión:

—¿Tú inviertes en tu éxito o solo dejas que la empresa para la que trabajas invierta en ti… para que les hagas ganar más dinero?

Y ahí me dio en el ego. Porque sí, yo me había convertido en la pieza del sistema de alguien más. Con un título, con experiencia, pero sin visión propia.

Ese día decidí que era hora de hacer las cosas al revés. Como los millonarios. Porque la neta, ya me cansé de sudar por un sueldo que apenas me alcanza para vivir.

Y tú… ¿ya hiciste algo diferente hoy?

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