Tijuana Veloz

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Bonilla declara ser Gr**go de Nacimiento

Por Jaime Cleofas Martínez Veloz

En México, la realidad no supera a la ficción: la humilla, la arrastra por el pavimento y luego le pide que firme de recibido.
Y ahí, entre sellos, apostillas y juramentos bilingües, aparece un expediente del Tribunal Electoral del 2012 que dice —con la solemnidad de un notario que ya apagó el aire acondicionado— que Jaime Bonilla declaró haber nacido en Estados Unidos.

No lo digo yo. Lo dice el Tribunal. Y lo más sorprendente: él nunca lo negó.

El Tribunal Electoral y la declaración que nadie desmintió

En los expedientes SUP-REC-155/2012 y acumulados, la Sala Superior revisó documentos oficiales del Estado de California.
Ahí quedó asentado que Bonilla:

declaró ser ciudadano estadounidense,
declaró haber nacido en Estados Unidos,
y juró lealtad a la Constitución de Estados Unidos y del Estado de California.
Todo esto mientras en México se discutía si podía o no ocupar cargos públicos.
Pero él, imperturbable, como quien ve llover desde la ventana, nunca negó lo que el Tribunal asentó.

El formulario de votante: la casilla marcada

En 1998, Bonilla llenó un formulario de registro de votantes en California.
La primera pregunta era tan directa que hasta un cactus la habría entendido:

“ARE YOU A U.S. CITIZEN?”

Y él marcó YES, sin temblarle la mano. Firmó. Puso su dirección en Chula Vista.
Su fecha de nacimiento. Su número de licencia de California. Y certificó todo bajo pena de perjurio.

El espacio de “Lugar de nacimiento” quedó en blanco, pero el Tribunal ya había visto otros documentos donde él mismo decía haber nacido en Estados Unidos.
Y, otra vez, nunca lo negó.

III. El juramento patriótico: la escena que ni Hollywood se atrevería a filmar

El 6 de agosto de 2008, en el Registro de Votantes del Condado de San Diego, Bonilla firmó un documento que parece sacado de una película de guerra, pero sin efectos especiales:

“Defenderé la Constitución de los Estados Unidos y la Constitución del Estado de California contra todos los enemigos, extranjeros o nacionales…”

Ahí está su firma. Ahí está la fecha. Ahí está el sello. Ahí está el juramento.

Un juramento solemne, profundo, patriótico… Y, sobre todo, perfectamente incompatible con la idea de que uno solo tiene una nacionalidad “por nacimiento” y nada más.

Pero él, como siempre, nunca lo negó.

La SRE entra en escena (2019)

Años después, la Secretaría de Relaciones Exteriores emitió una nota informativa.
Ahí reconoció que:

Bonilla sí tenía nacionalidad estadounidense,
que para ocupar un cargo en México tuvo que presentar una renuncia,
y que por eso se le expidió un Certificado de Nacionalidad Mexicana por Nacimiento.
La SRE no dijo que Estados Unidos hubiera aceptado la renuncia.
Solo dijo que Bonilla la presentó ante México.

Como quien entrega una carta de amor que nunca llegó al destinatario.

La vida electoral en California: 1998–2018

Los documentos apostillados muestran que Bonilla:

votó en elecciones de California durante dos décadas,
ejerció cargos públicos allá,
registró comités electorales,
y mantuvo su actividad política estadounidense incluso mientras era Diputado Federal en México.
Todo certificado por el Registrar of Voters del Condado de San Diego.

Y entonces llegó 2025 y se reafilia al Partido de Trump

Cuando uno pensaría que la historia ya había dado todas las vueltas posibles, aparece un nuevo registro:

25 de marzo de 2025
Afiliación: Republican Party
Domicilio: 1145 Mansiones Lane, Chula Vista
Registro activo y vigente

Es decir: Mientras en México se discuten reformas, candidaturas, litigios y memorias, en California el sistema electoral dice:

“Bienvenido de vuelta, señor Bonilla.”

Y él, otra vez, no lo negó.

Al final, los documentos no mienten: hablan. Hablan más que los discursos, más que las conferencias, más que los voceros. Hablan en inglés, en español, en apostilla y en sello seco.

Dicen que él declaró haber nacido en Estados Unidos. Dicen que juró defender la Constitución norteamericana “contra enemigos extranjeros y domésticos”. Dicen que votó allá, que trabajó allá, que se afilió allá. Y él, siempre tan prudente, nunca los contradijo. Nunca dijo “no”. Nunca dijo “yo no firmé eso”. Nunca dijo “ese no soy yo”.

Así que uno, pobre mortal, solo puede leer los papeles y encogerse de hombros.
Porque si la identidad se construye con actos, firmas y juramentos, entonces Bonilla dejó en California una huella tan profunda que hasta el Tribunal Electoral mexicano la encontró sin necesidad de GPS.

Y mientras tanto, la ficción —esa que presume ser más creativa que la realidad— toma nota, se ajusta el pasamontañas y murmura:

“Compañeros, aquí hay una historia que ni nosotros nos hubiéramos atrevido a inventar.”

22/02/2026

Cuando cae un capo, tiembla la frontera: Baja California ante su espejo

El abatimiento del líder del CJNG revela la profundidad de la captura institucional en la frontera y abre una disputa por el control político y administrativo del estado.

Por Jaime C. Martínez Veloz

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, no es un episodio aislado en la larga historia de violencia que atraviesa al país. Para Baja California, este hecho representa un punto de quiebre que obliga a revisar, con seriedad y sin autoengaños, la fragilidad institucional que se ha venido acumulando durante los últimos años. La frontera es un territorio donde se cruzan intereses económicos, criminales, políticos y geopolíticos. Cuando un actor de la magnitud del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación desaparece, el reacomodo no solo ocurre en los grupos criminales, sino también en las estructuras de gobierno que, por acción u omisión, permitieron su avance.

Un vacío de poder en la frontera

Baja California ha sido, desde hace décadas, un corredor estratégico para el tráfico de dr**as, armas, personas y capitales. La presencia del CJNG en Tijuana, Mexicali y Ensenada no fue accidental. Se construyó sobre un terreno fértil: instituciones debilitadas, policías vulnerables, operadores incrustados en áreas clave y una élite económica emergente cuya riqueza no siempre encuentra explicación en trayectorias verificables.

La muerte del Mencho abre un vacío que otros grupos buscarán llenar. No se trata solo de una disputa criminal, sino de una reconfiguración del poder local, donde las instituciones capturadas quedan expuestas y disponibles para el mejor postor. En este contexto, Tijuana se convierte nuevamente en el tablero principal: quien controla la ciudad controla permisos, aduanas, obra pública, seguridad municipal y desarrollo urbano.

El lenguaje silencioso de las visas

En los últimos meses, el retiro de visas a funcionarios estatales, municipales y a personas cercanas a figuras políticas de alto nivel ha enviado un mensaje inequívoco: Estados Unidos está observando. La frontera tiene su propio lenguaje, y las visas son uno de sus instrumentos más contundentes.

Cuando una agencia estadounidense retira visas a funcionarios, empresarios o familiares de gobernantes, no lo hace por capricho. Es una señal de que existen patrones de conducta, vínculos o flujos económicos que preocupan al otro lado. La muerte del Mencho acelera este proceso. Los operadores que antes se movían bajo la sombra de un liderazgo criminal fuerte ahora quedan expuestos, vulnerables y sin protección. Y en ese escenario, la presión internacional se vuelve más visible y más incómoda.

La captura institucional: un problema anunciado

Desde 2020 advertimos que Baja California estaba entrando en una fase de deterioro institucional profundo. La falta de controles internos, la improvisación administrativa, la llegada de operadores reciclados de todos los partidos y la ausencia de un proyecto de Estado convirtieron a Morena en un contenedor de intereses ajenos al bienestar público.

En lugar de construir una fuerza política republicana, se abrió la puerta a grupos que vieron en el partido un vehículo para legalizar fortunas, obtener contratos, controlar permisos, manipular policías y operar desde dentro del gobierno. La muerte del Mencho no crea este problema: lo desnuda. Lo que antes se movía en penumbra ahora queda expuesto a la luz del reacomodo criminal y de la presión internacional.

Tijuana y Ensenada: el epicentro del reacomodo

En Tijuana, los funcionarios con mayor capacidad de decisión provienen de Ensenada, un municipio donde en los últimos años surgió una élite económica repentina. Ese fenómeno no es casual. Es el síntoma de una captura institucional que se extendió desde lo local hacia lo estatal. Con la caída del líder del CJNG, estos grupos quedan en una posición delicada: pierden respaldo, pierden interlocutor, pierden protección y quedan expuestos ante agencias internacionales y grupos rivales.

Lo que viene no será un reacomodo silencioso. Será una disputa por el control de las instituciones municipales, por los permisos, por la obra pública, por las aduanas y por la narrativa pública. La frontera está entrando en una etapa de redefinición profunda.

Baja California, obligada a verse en el espejo sin maquillaje.

La muerte del Mencho no es un capítulo más en la historia del crimen organizado. Es un espejo que obliga a Baja California a mirarse sin maquillaje. Durante años, la frontera fue administrada con improvisación, complacencia y una peligrosa mezcla de ingenuidad y oportunismo político. Las instituciones se debilitaron, los controles se relajaron y los espacios vacíos fueron ocupados por quienes vieron en el poder público una extensión de sus intereses privados.

Hoy, ese modelo hace crisis.

La caída del líder del CJNG deja al descubierto la fragilidad de un gobierno que confundió la transformación con la simple sustitución de colores. En lugar de construir un proyecto republicano, se permitió la infiltración de grupos que encontraron en la política un refugio, un negocio o una plataforma para expandir su influencia. El resultado está a la vista: instituciones vulnerables, funcionarios bajo presión internacional, élites económicas emergentes sin explicación patrimonial y una ciudadanía que observa cómo la frontera se convierte en un territorio administrado por la improvisación y la opacidad.

Baja California no puede seguir transitando por esta ruta.
No se trata de cambiar de caudillo, sino de reconstruir el Estado.
No se trata de repartir culpas, sino de asumir responsabilidades.
No se trata de administrar la crisis, sino de enfrentarla con valentía.

La frontera necesita un nuevo pacto institucional que recupere la legalidad, profesionalice el servicio público, depure las estructuras capturadas y devuelva a la ciudadanía la confianza en sus instituciones. Ese es el verdadero desafío. Lo demás —los discursos, las campañas, las narrativas oficiales— son ruido.

La muerte del Mencho marca el fin de una etapa y el inicio de otra.
Lo que está en juego no es solo la seguridad, sino el tipo de Estado que queremos ser.
Baja California tiene una oportunidad histórica para corregir el rumbo.
Perderla sería repetir los errores que nos trajeron hasta aquí.

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