Flor de Azahar

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Flor de Azahar - Temazcal · San Rafael, Veracruz 13/10/2024

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12/10/2024

Mañana tendremos Temazcal abierto a toda la comunidad 3:30 pm, informes por mensaje directo. ☺️

02/10/2024

Los hijos Ancla ⚓

Si, los padres toman muchas veces desde la concepción a un hijo o hija para anclarlo a ellos y a sus destinos.

A veces mencionan frases como estas, otras veces las traen en el alma:

“ Ésta es para mi vejez”
“ Éste es por si su papá se va”
“ Está es mi felicidad”
“ Éste es para no sentirme sola”
“ Está o este no se va a casar, se quedará conmigo”
“ Esta se hará cargo del negocio de la familia”
“ Todos pueden irse, pero tú no”
“ Si ella está, su papá no nos dejará”
“ Tú me cuidarás en mi enfermedad”
“ Tu estás para ayudarme con tus hermanos cuando yo me muera“

Todas estas frases terroríficas las he escuchado y muchas de ellas las he visto cumplirse.

Hijos que jamás se han ido de la casa de sus padres; deseando hacerlo.
Hijos que creen que tienen que cuidar a sus padres de viejos,
también llamados los hijos “bastón".
Hijos que cargan con el mandato de viajar con sus padres,
de pasar las fiestas con ellos, de tener que hacerlos felices.
Hijos que no se han casado o formalizado con ninguna pareja porque están atados simbólicamente con mamá o con papá.
Hijos que se hacen cargo de sus hermanos por promesas hechas por el alma desde el vientre materno a los padres o en su lecho de muerte.

Revisa si papá o mamá fue un hijo o hija ancla en su sistema.
Quien la detiene, retiene y no pudo avanzar y sanar el impacto
generacional de ello.

¿Que hacer para sanar?

Los padres difícilmente sueltan a los hijos y menos si han creado un proyecto así desde el alma.

Pero si tú en algún momento lo pensaste, lo dijiste porque en ese momento era tu nivel de conciencia mira a tu hijo o hija a los ojos
y dile:
“ Te libero de mi”
“ Te libero de hacerte cargo de mi vejez”
“ Te libero de mi enfermedad”
“ Te libero de mis carencias”
“ Te libero de mis palabras “

Si eres un hijo o hija ancla

Que no avanza en sus proyectos
Que no logra tener pareja
Que vive en casa paterna
(aunque ellos estén mu***os )

Si tienes de profesión:
Médico, enfermera, asistente social, trabajo con ancianos. Eres un hijo ancla.

Si no puedes viajar o concretar viajes, eres un hijo(a) ancla.

Si estás en el negocio de tus padres y tienes que dar y repartir a tu mamá o hermanos, eres un hijo ancla.

Si te casaste y tuviste que llevar a vivir contigo a tu mamá; eres un hijo(a) ancla.

Dolores, calambres, entumecimiento de piernas, tobillos y rodillas cada vez que planeas algún proyecto que te aleja de tu mamá o papá; eres un hijo ancla.

No se cumple ningún proyecto de vivir lejos, o en otro país; solo si das dinero para la vejez de tus padres. Eres un hijo ancla.

Para sanar nuestras palabras y miedos hacia nuestras generaciones, debemos tener el permiso como hijos de liberarnos del mandato de nuestros padres sin sentir culpa.

Puedes dar o aportar para su vejez. Pero no son tu responsabilidad.

La libertad de irse es el regalo más grande que podemos dar a nuestras generaciones.

Ningún hijo debe quedarse anclado a nuestro lado. Todo padre o madre sabio planea y tiene una visión para no cargar a ningún hijo.💕
Créditos al autos 💪🏼está buenísimo 😸

02/10/2024

TODO lo que le exiges
a la pareja
es todo lo que NO quedó
satisfecho
en la infancia
por Papá y Mamá.

Mírame,
Cuídame,
Escúhame,
Acaríciame,
REconóceme,
Apóyame,
dame,
Hazme caso,
Protejame,
Tenme en cuenta,
Ayúdame...

Las demandas que uno puede tener hacia su pareja, reflejadas en la lista de deseos y necesidades expuesta previamente, pueden ser un eco de lo que quedó insatisfecho durante la infancia, principalmente proveniente de la relación con los padres.

Las figuras paternas y maternas juegan un papel crucial en la formación de cómo percibimos el mundo y las relaciones en nuestra adultez.

Es aquí donde las relaciones humanas se entrelazan con historias marcadas por la infancia, un periodo de aprendizaje crucial que deja una huella profunda y duradera en nuestro ser.

Las semillas sembradas en ese jardín temprano, regadas con las lágrimas y sonrisas de nuestros padres, germinan a lo largo de los años, tejiendo una red invisible que conecta nuestro pasado con nuestro presente.

Mirar hacia adentro, hacia esos primeros años de vida, puede resultar desafiante, pero también esclarecedor y liberador.

En ese período temprano, donde la mente y el corazón son esponjas que absorben sensaciones, emociones y patrones de comportamiento que nos rodean, muchas de estas semillas que fueron plantadas crecerán fuertes y frondosas, nutriendo nuestro ser en armonía.

Otras, sin embargo, pueden quedar enterradas en el suelo fértil de nuestra psique, esperando ser descubiertas y transformadas.

La necesidad de atención, cariño, reconocimiento y protección puede derivar de etapas de la niñez en las que estos elementos escasearon. Es comprensible que en la adultez se busque llenar esos vacíos emocionales con el amor y el apoyo de una pareja. Del mismo modo, el miedo al abandono, la búsqueda de seguridad y el deseo de control pueden remontarse a momentos en los que nos sentimos vulnerables e indefensos.

Es crucial comprender que estas demandas no son defectos, sino señales que nos muestran las áreas en las que aún podemos crecer y sanar. Reconocer estas heridas de infancia, aceptarlas y trabajar en ellas con compasión y determinación es un acto de valentía y autenticidad. La terapia y el autoconocimiento son herramientas poderosas que nos permiten transformar esas heridas en sabiduría y amor propio, construyendo relaciones basadas en la comunicación honesta, el respeto mutuo y la empatía.

Recordar que cada ser humano es un universo único, tejido con hilos de experiencias y memorias que moldean su camino.

Las exigencias hacia la pareja pueden ser peldaños que nos llevan de regreso al niño interior que anhela ser escuchado, comprendido y amado incondicionalmente.

Las exigencias hacia la pareja pueden revelar capítulos no resueltos de nuestra historia personal, revelándonos dónde y cómo necesitamos crecer y sanar.

Detrás de cada "Mírame", "Escúchame" o "Protégeme" se esconde un anhelo profundo de ser visto en nuestra autenticidad, de ser escuchado en nuestra vulnerabilidad, de ser protegido en nuestra fragilidad. Estas demandas, lejos de ser caprichos, son llamados del alma que buscan la integración y la plenitud.

Debajo de la superficie de las exigencias hacia la pareja yace un universo de emociones no expresadas, heridas no cicatrizadas y necesidades no satisfechas.

La magia de la relación nos invita a explorar estos territorios desconocidos, a mirar con valentía debajo de las capas de protección y defensa que hemos erigido a lo largo de los años.

En esta exploración profunda, encontramos tesoros escondidos de autoconocimiento y crecimiento, revelando aspectos de nosotros mismos que necesitan ser abrazados con amor y compasión.

Esta misma magia de la relación de pareja radica en su capacidad de ser un laboratorio vivo donde experimentamos el arte sagrado de la conexión humana.

A través del espejo de la pareja, vemos reflejadas nuestras luces y sombras, nuestras fortalezas y debilidades, nuestros sueños y miedos.

Este reflejo nos desafía a conocernos más profundamente, a abrazar nuestras imperfecciones con amor y a crecer juntos en un viaje de transformación continua.

Es en este mismo viaje de autodescubrimiento y crecimiento donde la pareja se convierte en un espejo que refleja nuestras luces y sombras, un compañero de ruta que nos desafía a ser la mejor versión de nosotros mismos, sanando y evolucionando juntos en un baile de amor y transformación.

En cada exigencia hacia la pareja se esconde una oportunidad de sanar, de crecer, de evolucionar. Al abrazar nuestras heridas de infancia con compasión y valentía, transformamos la relación con nosotros mismos y con los demás.

En este viaje de autodescubrimiento y crecimiento, descubrimos el poder sanador del amor incondicional, que nos guía hacia la plenitud y la liberación, permitiéndonos ser quienes realmente somos: seres sabios, poderosos, conscientes y, sobre todo, seres de amor.

Te acompaño en tu proceso de crecimiento personal.

Helena González
Terapeuta y Consteladora familiar.

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