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13/05/2026

Vivimos en un mundo donde la gente opina de todo, critica todo y destruye a otros con palabras como si no dolieran.
Pero no todo lo que piensas tiene que ser dicho.
No toda crítica es necesaria.
Y no porque tengas la razón significa que tienes derecho a herir a alguien.
Hay palabras que duran segundos al salir de tu boca… pero años en la mente de otra persona.
La lengua puede levantar a alguien… o terminar de destruirlo.
Y muchos se acostumbraron tanto a hablar sin pensar, que ya no notan cuánto daño hacen.
Santiago lo deja claro: quien no sabe controlar su lengua, tampoco sabe controlarse a sí mismo.
A veces el problema no es lo que pasa en el mundo… sino la facilidad con la que humillamos, juzgamos y atacamos a otros detrás de una pantalla o frente a frente.
Hablar menos y pensar más también es madurez.

12/05/2026

EL RIESGO DE ELEGIR MAL A UN COPASTOR

Cuando el ayudante se vuelve problema: el riesgo de elegir mal a un co-pastor

1). En muchos ministerios existe una práctica común: levantar “suplentes” o co-pastores que apoyen en la predicación, la administración o el cuidado de la iglesia.
En teoría esto debería una bendición. En la práctica, cuando se hace a la ligera, puede convertirse en una de las decisiones más delicadas —y peligrosas— para un pastor y su congregación.

No basta con orar… hay que observar

Claro que la oración es fundamental. Nadie que tome en serio el ministerio debería omitirla. Pero hay una verdad incómoda: orar no sustituye el proceso de conocer a la persona.

Un llamado aparente, un buen discurso o incluso habilidades visibles no son suficientes. El carácter no se discierne en un culto; se revela con el tiempo. Por eso, antes de posicionar a alguien como co-pastor o líder cercano, es necesario observar:

* Su manera de servir cuando nadie lo ve
* Cómo responde a la corrección
* Su trato con las personas, de la iglesia.
* Su manejo de conflictos
* Su estabilidad emocional
* Su relación con la autoridad

Porque alguien puede predicar bien… y aún así no estar listo para liderar.

2). El peligro de la ligereza

Cuando un pastor coloca rápidamente a alguien en una posición de influencia sin haber probado su vida, abre la puerta a problemas serios:

* Conflictos internos
* Divisiones en la iglesia
* Competencia de autoridad
* Manipulación de personas
* Y en casos más graves, traición

No es un secreto: hay situaciones donde el ayudante termina queriendo ocupar el lugar del pastor que le dio la oportunidad. No todos son así, por supuesto. Hay servidores fieles, leales y maduros. Pero ignorar que este riesgo existe es ingenuo.

3). Co-pastores que usurpan… y pastores que temen

También ocurre algo más profundo: relaciones mal formadas desde el inicio.

Hay co-pastores que comienzan a ejercer autoridad sin haber sido realmente formados para ello. Toman decisiones, corrigen, se imponen… y terminan desdibujando el liderazgo principal.

Y lo más preocupante: hay pastores que terminan teniendo miedo de sus propios ayudantes. Ya sea por su carácter explosivo, su forma dominante o su influencia sobre la congregación.

Eso no es liderazgo saludable. Eso es una relación invertida.

4). Antes de elegir al co-pastor se debe conocer a su esposa.

No siempre el problema está en el co-pastor como individuo. Puede ser un buen siervo, con corazón correcto, dispuesto a trabajar y someterse al proceso. Sin embargo, el ministerio nunca viene solo… viene acompañado de su entorno familiar.

Hay casos donde el co-pastor es íntegro, pero su esposa no comparte la misma madurez, visión o actitud. Y eso, tarde o temprano, comienza a notarse:

* Opiniones que influyen en decisiones internas
* Comentarios que generan división o inconformidad
* Actitudes de competencia, celos o protagonismo
* Falta de sujeción al orden del ministerio

Y lo más complejo: el co-pastor queda en medio de dos lealtades —su hogar y el ministerio—, y si no hay equilibrio, el conflicto es casi inevitable.

Por eso, elegir a un co-pastor no es solo evaluar a una persona… es observar una familia:

* ¿Cómo es la relación con su esposa?
* ¿Hay unidad en visión y carácter?
* ¿Cómo manejan la autoridad y la corrección?
* ¿Qué testimonio tienen sus hijos?

Porque aunque el llamado es personal, el impacto es colectivo.

Ahora bien, tampoco se trata de caer en juicio o descalificación apresurada. Hay esposas que son un apoyo extraordinario, sabias, prudentes, que fortalecen el ministerio de una manera silenciosa pero poderosa.

Pero ignorar este aspecto… puede costar caro.

En una sola línea:

Un buen co-pastor sin un entorno familiar saludable puede terminar enfrentando batallas que no nacen en la iglesia… sino en casa.

5). El otro extremo: pastores que hieren

Pero no todo el problema está en los co-pastores. También hay líderes principales que, sin darse cuenta —o a veces dándose cuenta—, hieren a su gente:

* Actitudes orgullosas o soberbias
* Trato áspero o humillante
* Falta de empatía
* Control excesivo

Y las consecuencias son claras: creyentes que se enfrían, que se van, o que permanecen… pero amargados.

Muchas veces, cuando el liderazgo intermedio fue mal elegido, no hay quien equilibre, aconseje o ayude a sostener al pastor. El resultado es una iglesia herida desde arriba.

6). La raíz: una mala elección

Detrás de muchos conflictos ministeriales hay una causa silenciosa: un proceso de selección deficiente.

No se trata solo de escoger a alguien disponible, cercano o carismático. Se trata de reconocer a alguien probado.

El ministerio no es un espacio para improvisar posiciones. Es un lugar donde las decisiones afectan almas.

7). ¿Qué se necesita entonces?

Antes de levantar a alguien como co-pastor o ayudante cercano, se necesita:

* Tiempo (sin prisa por posicionar)
* Observación constante
* Procesos claros de formación
* Evaluación del carácter, no solo del talento
* Confirmación en comunidad, no solo percepción personal

Porque una elección correcta puede fortalecer el ministerio… pero una incorrecta puede fracturarlo.

Conclusión

No todos los co-pastores son un problema. Muchos son un regalo invaluable. Pero cuando se elige sin profundidad, sin proceso y sin conocimiento real de la persona, el riesgo es alto.

El ministerio no se sostiene solo con dones, sino con carácter. Y en esto, la prisa casi siempre se paga caro.

Escrito por Pedro Martínez y tomado del muro rey de paz.

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