Potencial Mindfulness
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22 años de Facilitar sentido de vida
07/06/2026
Genial
21/05/2026
Byung-Chul Han, filósofo coreano-alemán, ha dedicado gran parte de su obra a explorar cómo el exceso de ruido, estímulo y productividad nos aleja de la contemplación y la presencia. Y justamente este podcast parece dialogar con esa misma idea:
👉 “Dios no murió. Perdimos la quietud que hacía posible escucharlo.”
Más que un tema religioso, es una reflexión sobre atención, silencio y la dificultad contemporánea para realmente percibir.
Regálate 20 minutos hoy antes de dormir... Puedes ver este popdcast aquí: https://www.youtube.com/watch?v=AqON8Pke4Dw
28/04/2026
“Todos sabemos cuál es la autoridad de un doctor en teología o filosofía para referirse a Dios y La Verdad sin embargo quisiera saber ¿cuál es la autoridad de un Maestro, por muy despierto o iluminado que este, para hablar de La Verdad?”
Pregunta de Claudio Alvarado
Respuesta de Prabhuji:
Tal y como todos sabemos, la autoridad de todo doctor en teología o filosofía viene de la institución, de la academia: títulos, bibliografía, tradición, método, estudios, exámenes, idiomas, linaje académico. Se trata de una autoridad prestada, aunque no por eso despreciable; sirve para hablar acerca de La Verdad, como un cartógrafo puede hablar de montañas que quizás nunca ha escalado.
La autoridad de un auténtico Maestro, y no la de un satsangista actor con túnica, no procede de un diploma o certificado espiritual colgado en la pared egoica. Su autoridad viene de su simple y sencilla desaparición como reclamante de autoridad.
Mientras el falso maestro dice “saber”, posando como autoridad, el verdadero Maestro no tiene interés en convencer a nadie. La Verdad no puede ni debe ser afirmada directamente de manera agresiva; solo puede ser indicada, sugerida, casi seducida hacia tu propia visión.
El auténtico Maestro no es un “poseedor” de la Verdad como el propietario de una casa o un auto; más bien, se ha vuelto una ventana que no exige que adores el vidrio y a través de la cual es posible mirar las estrellas. No se trata de una autoridad “sobre” otros, sino en una autoridad “desde” la experiencia directa. Un doctor puede decir: “según Tomás de Aquino… según Kant… según Nagarjuna…”. Un profesor de filosofía puede citar a Descartes o a Sartre, así como un teólogo puede citar versos del Corán, La Biblia o los Vedas. Obviamente, es sumamente útil, provechoso, valioso, beneficioso, pero, de una u otra manera, continúa siendo información o conocimiento mediado.
Por su parte, el Maestro despierto dice mucho más con su presencia que con sus palabras; su autoridad no reside en sus argumentos, sino en la fragancia. Una rosa perfuma en lugar de dar conferencias sobre botánica, pero si estás espiritualmente resfriado, llamarás impostora a la flor, aunque esta no se ofende. Pero mucho cuidado, amigo, porque con esto no pretendo decir que debas creer a todo aquel que se proclame iluminado.
Es imposible encontrar al Maestro genuino desde conclusiones prestadas; si te acercas repleto de ideas, solo buscarás una fiel copia de tus propias expectativas. Y entonces estarás en problemas, porque el Maestro real, en lugar de alimentar tus conclusiones, crea espacio destruyendo prejuicios; te devuelve a la realidad y no a especulaciones acerca de lo real.
La autoridad del Maestro no se acepta como dogma, sino que debe ser probada en la consciencia, no como se prueba un teorema, sino como se prueba el agua, bebiendo.
Ningún Maestro tiene la autoridad de reemplazar tu mirada, sino solo para despertar tu visión. La autoridad del Maestro es similar a la del fuego cuando se trata del calor; no precisa un doctorado en combustión, simplemente arde.
No obstante, incluso esto debe ser expresado humildemente, porque la Verdad no es propiedad de ningún Maestro ni de nadie. El verdadero Maestro no habla jamás de “mi Verdad”, porque sus palabras brotan desde una desnudez desde la cual todo “mi” se ha evaporado.
El Maestro carece de autoridad para imponernos la Verdad; su autoridad consiste en invitarte a verificarla en ti mismo, por ti y desde ti.
Un doctor en teología puede darte un mapa, el profesor de filosofía es capaz de afilar tu inteligencia, el Maestro, si es verdadero, te empuja al precipicio de la experiencia directa e inmediata. Y allí ni siquiera el Maestro puede dar el salto en tu lugar.
Finalmente, amigo, la única autoridad final es tu propia conciencia despierta.
El Maestro genuino es solo un simple reloj despertador; si cuando suena despiertas, bendito reloj, pero si en lugar de despertar empiezas a adorar el reloj despertador, preferible que alguien lo tire a la basura.
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