Potencial Mindfulness
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22 años de Facilitar sentido de vida
28/04/2026
“Todos sabemos cuál es la autoridad de un doctor en teología o filosofía para referirse a Dios y La Verdad sin embargo quisiera saber ¿cuál es la autoridad de un Maestro, por muy despierto o iluminado que este, para hablar de La Verdad?”
Pregunta de Claudio Alvarado
Respuesta de Prabhuji:
Tal y como todos sabemos, la autoridad de todo doctor en teología o filosofía viene de la institución, de la academia: títulos, bibliografía, tradición, método, estudios, exámenes, idiomas, linaje académico. Se trata de una autoridad prestada, aunque no por eso despreciable; sirve para hablar acerca de La Verdad, como un cartógrafo puede hablar de montañas que quizás nunca ha escalado.
La autoridad de un auténtico Maestro, y no la de un satsangista actor con túnica, no procede de un diploma o certificado espiritual colgado en la pared egoica. Su autoridad viene de su simple y sencilla desaparición como reclamante de autoridad.
Mientras el falso maestro dice “saber”, posando como autoridad, el verdadero Maestro no tiene interés en convencer a nadie. La Verdad no puede ni debe ser afirmada directamente de manera agresiva; solo puede ser indicada, sugerida, casi seducida hacia tu propia visión.
El auténtico Maestro no es un “poseedor” de la Verdad como el propietario de una casa o un auto; más bien, se ha vuelto una ventana que no exige que adores el vidrio y a través de la cual es posible mirar las estrellas. No se trata de una autoridad “sobre” otros, sino en una autoridad “desde” la experiencia directa. Un doctor puede decir: “según Tomás de Aquino… según Kant… según Nagarjuna…”. Un profesor de filosofía puede citar a Descartes o a Sartre, así como un teólogo puede citar versos del Corán, La Biblia o los Vedas. Obviamente, es sumamente útil, provechoso, valioso, beneficioso, pero, de una u otra manera, continúa siendo información o conocimiento mediado.
Por su parte, el Maestro despierto dice mucho más con su presencia que con sus palabras; su autoridad no reside en sus argumentos, sino en la fragancia. Una rosa perfuma en lugar de dar conferencias sobre botánica, pero si estás espiritualmente resfriado, llamarás impostora a la flor, aunque esta no se ofende. Pero mucho cuidado, amigo, porque con esto no pretendo decir que debas creer a todo aquel que se proclame iluminado.
Es imposible encontrar al Maestro genuino desde conclusiones prestadas; si te acercas repleto de ideas, solo buscarás una fiel copia de tus propias expectativas. Y entonces estarás en problemas, porque el Maestro real, en lugar de alimentar tus conclusiones, crea espacio destruyendo prejuicios; te devuelve a la realidad y no a especulaciones acerca de lo real.
La autoridad del Maestro no se acepta como dogma, sino que debe ser probada en la consciencia, no como se prueba un teorema, sino como se prueba el agua, bebiendo.
Ningún Maestro tiene la autoridad de reemplazar tu mirada, sino solo para despertar tu visión. La autoridad del Maestro es similar a la del fuego cuando se trata del calor; no precisa un doctorado en combustión, simplemente arde.
No obstante, incluso esto debe ser expresado humildemente, porque la Verdad no es propiedad de ningún Maestro ni de nadie. El verdadero Maestro no habla jamás de “mi Verdad”, porque sus palabras brotan desde una desnudez desde la cual todo “mi” se ha evaporado.
El Maestro carece de autoridad para imponernos la Verdad; su autoridad consiste en invitarte a verificarla en ti mismo, por ti y desde ti.
Un doctor en teología puede darte un mapa, el profesor de filosofía es capaz de afilar tu inteligencia, el Maestro, si es verdadero, te empuja al precipicio de la experiencia directa e inmediata. Y allí ni siquiera el Maestro puede dar el salto en tu lugar.
Finalmente, amigo, la única autoridad final es tu propia conciencia despierta.
El Maestro genuino es solo un simple reloj despertador; si cuando suena despiertas, bendito reloj, pero si en lugar de despertar empiezas a adorar el reloj despertador, preferible que alguien lo tire a la basura.
16/04/2026
Relajación profunda
«Túmbate, deja que tus brazos descansen a lo largo del cuerpo. Ponte cómodo, permite al cuerpo que se relaje. Toma conciencia del suelo debajo de ti y del contacto del cuerpo con el suelo.
Toma conciencia de tu respiración que entra y que sale. Sé consciente del abdomen que sube y baja cuando inspiras y cuando espiras.
Abdomen sube,abdomen baja.
Sube, baja.
Inspiro y espiro, el cuerpo entero se siente liviano, como un nenúfar que flota sobre el agua. Ningún lugar adonde ir… Nada que hacer...
Eres libre como esa nube que flota en el cielo.
Inspirando, lleva la conciencia a los ojos. Espirando, les permites relajarse. Deja que los ojos se hundan hacia atrás, en la cabeza. Suelta toda la tensión de los músculos que los rodean. Tus ojos te permiten ver un paraíso de formas y de colores… permite a tus ojos que descansen… Envíales afecto y gratitud a tus ojos.
Inspirando, lleva la conciencia a la boca; espirando deja que se relaje. Relaja la tensión alrededor de la boca… Tus labios son los pétalos de una flor… haz florecer sobre ellos una delicada sonrisa… sonreír relaja la tensión de un centenar de músculos de la cara…siente relajarse la tensión en las mejillas… en la mandíbula… en la garganta.Inspirando, lleva la conciencia a los hombros y a tus dos brazos. Espirando, suelta toda la tensión… deja que todas las tensiones acumuladas fluyan hacia el suelo… llevamos tanto peso sobre los hombros… ahora deja que se relajen y cuida de ellos.
Inspirando, toma conciencia de los brazos. Espirando, relaja tus brazos… los codos…
los antebrazos… las muñecas… las manos… los dedos... los músculos más pequeños.
Si lo deseas, mueve un poco los dedos para ayudar los músculos a relajarse.
Inspirando, lleva la conciencia a tu corazón. Espirando, relaja el corazón. Hemos desatendido durante mucho tiempo nuestro corazón debido a la forma en que trabajamos, comemos y nos enfrentamos a la ansiedad y al estrés. Nuestro corazón late para nosotros, día y noche. Abrázalo en plena conciencia, con ternura, reconciliándote con él, cuidándolo.
Inspirando, lleva la conciencia a tus piernas. Espirando, permite que se suelten.
Relaja todas las tensiones en las piernas… los muslos… las rodillas… las pantorrillas… los tobillos… los pies… los dedos de los pies… todos los pequeños músculos de los dedos de los pies… Si lo deseas mueve un poco los dedos para ayudarlos a relajarse… envía afecto y mimo a tus pies.
Ahora devuelve la conciencia a la respiración… al abdomen que sube y baja.
Sigue la respiración, toma conciencia de tus brazos, de tus piernas… Si lo deseas,muévelas y desperézate. Cuando ya estés listo, siéntate lentamente. Y cuando estés dispuesto,
levántate despacio.»
Puedes modificar esta breve meditación guiada adaptándola a tus necesidades personales.
También puedes practicarla a lo largo de cinco minutos o hacerla durar el tiempo que desees. Este ejercicio es capaz de conducir la plena conciencia a cualquier parte del cuerpo: el pelo, el cerebro, las orejas, el cuello, los pulmones y todos los órganos internos, el sistema digestivo, hacia toda parte del cuerpo que necesite curación y atención: las abrazas de una en una enviándoles cariño, gratitud y cuidado,rodeándolas de plena conciencia mientras inspiras y espiras.
Thich Nhat Hanh
11/04/2026
Muy recomendable... lo comparto
“Para el camino espiritual, no se necesita ningún maestro.
Tu ser,es el maestro auténtico.
El te va a llevar a conocer,la divinidad,lo absoluto.
Lo único que tienes que hacer,es quitarle lastre,a tu si mismo.
Dedícate a mejorar tu mente,emociones, sentimientos y pensamientos y lo demás vendrá por añadidura.”
Comentario de Alfredo Estrada
Respuesta de Prabhuji:
Afirmar que “no se necesita ningún maestro” puede ser tanto una verdad como una trampa egoica, dependiendo desde dónde sea expresada. El ego es sumamente astuto, como ya intuía Nietzsche cuando mostraba las metamorfosis del espíritu y las máscaras de la voluntad, se apresura a declarar “no necesito a nadie” y continuar con su reinado intacto, pero disfrazado de “libertad espiritual”.
Desde una perspectiva profunda, tienes razón, ciertamente el Maestro habita en lo profundo de tu interior, como sugería San Agustín al buscar la verdad no fuera, sino en la interioridad viva del alma. Obviamente, nadie puede caminar, respirar o despertar en tu lugar. La verdad no penetra desde el exterior, florece desde el centro mismo y, en ese sentido, tu ser es el Maestro.
Pero aquí debemos analizar el tema con mayor rigurosidad, porque conviene no confundir el hecho de que la fuente resida dentro con que no necesites ayuda. Porque, aunque el sol está en el cielo, si vives encerrado en un sótano, una ventana puede ser de gran ayuda. El Maestro externo no sustituye ni reemplaza tu Ser, lo señala; no solicita que lo admires, sino que dejes de adorar tu propia confusión, en un gesto muy socrático, pues Sócrates no entregaba verdades acabadas, sino que desmantelaba falsas certezas; no te vuelve dependiente. La labor del verdadero Maestro consiste en desenmascararte.
Eso de “dedícate a mejorar tu mente, emociones, sentimientos y pensamientos”, aunque suena noble, posee un sutil aroma de “auto-mejoramiento”; el sendero hacia la plenitud, la religión o el sendero espiritual no es una peluquería egoica. El auténtico sendero Retroprogresivo no es un salón de belleza donde el “yo” se maquilla.
El verdadero sendero espiritual no se trata de mejorar la mente, sino de verla, analizarla, comprenderla y de dejar de obedecerla ciegamente. Porque, sin importar cuán saludable o mejorada esté una mente, esta puede continuar durmiendo y soñando, solo que más pulida y socialmente aceptable. Un ego refinado, depurado o perfeccionado continuará actuando egoicamente; un ladrón con terno y corbata continuará siendo un ladrón. La cuestión no es solo quitar lastre, sino ver quién lo carga, porque la ilusión es el mismo cargador.
El último Maestro habita en lo profundo de tu interior, pero mientras no seas capaz de escucharle claramente, puede aparecer en lo exterior una presencia que te ayude a distinguir su voz de tu bullicio mental. Si dicha presencia es verdadera, te devuelve a ti; si es falsa, te distancia de ti mismo, convirtiéndote en seguidor. Por lo tanto, no fundemos una nueva religión a partir de la autosuficiencia, lo cual puede ser también otra forma de soberbia espiritual. A veces necesitamos un Maestro, otras, soledad; a veces, un golpe; en otras oportunidades, risa o silencio. La existencia es mucho más creativa que nuestras teorías y, por ende, usa una gran variedad de métodos.
Si alguien te acerca a tu propio centro, presta atención…; si alguien te aleja, te aparta, te distancia de aquello que en ti no engaña, es un estorbo, aléjate…; y si tu propio “yo” afirma “yo me basto solo”, obsérvalo atentamente…, porque lo más probable es que no sea el Ser quien habla sino el viejo personaje llamado “ego”, maquillado de sabio.
04/03/2026
La «alegría premonitoria» (foreboding joy), acuñada por la investigadora Brené Brown, es la sensación de ansiedad o miedo que surge durante momentos de profunda felicidad. Es un mecanismo de defensa en el que anticipamos una tragedia para evitar la vulnerabilidad y el dolor futuro, saboteando la alegría presente.
Características y Origen:
Miedo a la vulnerabilidad: La alegría extrema nos hace sentir vulnerables, por lo que anticipamos desgracias como un escudo protector.
«Ensayar la tragedia»: Implica imaginar escenarios horribles (perder a un hijo, un accidente, un despido) justo cuando experimentamos un momento cumbre.
Sabotaje de la felicidad: Al preocuparnos por lo que podría salir mal, no disfrutamos plenamente el momento presente.
Cómo superarla:
Practicar la gratitud: En lugar de dejar que el miedo se apodere de la alegría, la investigación de Brown sugiere que las personas que disfrutan profundamente de la vida convierten ese momento de alegría en gratitud.
Aceptar la vulnerabilidad: Entender que la alegría es frágil y preciosa, y que sentirla plenamente vale la pena a pesar del riesgo.
Vivir el presente: Centrarse en el «aquí y ahora» en lugar de intentar controlar el futuro.
La alegría premonitoria es un ladrón de alegría disfrazado de protección, y abrazar la vulnerabilidad es la clave para vivir la felicidad sin reservas.
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