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18/08/2025

A veces explico jocosamente en mis talleres que la prueba de que nuestra pareja funciona consiste en mirar al otro a los ojos e imaginar que le decimos algo tan poco romántico como «sin ti también sería feliz, sin ti también habría vida para mí», para agregar a continuación: «pero te elijo a ti para vivir porque me encanta que seas tú». Es una barbaridad hacerle sentir a nuestra pareja que sin ella ya no habría vida para nosotros. A veces, me encuentro en mis talleres con que alguien me dice que su pareja amenaza con quitarse la vida si la dejan. Más que una entrañable expresión de amor parece su contrario, un chantaje indigno. Qué carga tan pesada sostener en las propias manos la vida de otra persona, excepto si uno alimenta erróneamente su estima en la dependencia de otros.

Aunque suene paradójico, es bueno que en el fondo las personas sepan que sin el otro también les iría bien. Me parece una manera fantástica de lograr una especie de antídoto contra la dependencia y el infantilismo en el amor. Cuando experimentamos un «sin ti no podría vivir», nos comportamos como niños, pues miramos al otro como si fuera nuestra madre o nuestro padre. Y esto, en la pareja, puede aguantarse cuando es leve, pero si es excesivo no puede funcionar: una pareja se fundamenta en la sexualidad y en la igualdad de rango, y no tiene nada que ver con una relación materno-paternofilial. Una pareja es una relación contractual y condicional. La relación incondicional se da entre padres e hijos, pero no entre adultos.

- Joan Garriga, "El buen amor en la pareja"
-Tomado de la página Alquimia.

04/06/2025

No es tan grave… hasta que lo es" Cómo la minimización destruye tu vida.

"No es para tanto… o eso creía"
"Solo lo haré esta vez."
"No es algo tan grave, hay cosas peores."
"Tengo todo bajo control, puedo parar cuando quiera."

¿Te suenan familiares estas frases? Son trampas mentales que todos hemos usado alguna vez para justificar lo que sabemos, en el fondo, que está mal. Lo peligroso de la minimización es que nos convence de que no hay peligro… hasta que ya estamos atrapados.

El problema nunca parece grave al principio. Lo que comenzó como "una vez" se convierte en "un hábito", y cuando nos damos cuenta, ya no somos los dueños de la situación.

Hoy quiero hablarte de cómo la minimización destruye tu vida sin que te des cuenta y qué puedes hacer para evitarlo antes de que sea tarde.

"No parece peligroso… hasta que lo es"
Minimizar es la forma en la que nos convencemos de seguir en un patrón destructivo sin sentir culpa. Es un mecanismo de defensa que nos ayuda a ignorar el problema en lugar de enfrentarlo.

💡 Ejemplo real: Un joven que lucha con la adicción a la pornografía podría pensar:
👉 "Solo la veo cuando estoy estresado, no es como si la necesitara."
👉 "Al menos no estoy haciendo algo peor."
👉 "Podría ser peor, hay gente que está en cosas más graves."

El problema es que estas frases se repiten una y otra vez, justificando el mismo comportamiento hasta que deja de ser una elección y se convierte en una necesidad.

🔴 Aquí es donde radica el peligro:
1️⃣ La minimización crea una falsa sensación de control. Crees que puedes dejarlo cuando quieras… pero nunca lo haces.
2️⃣ El problema se va volviendo normal. Lo que antes parecía grave ahora es parte de tu rutina.
3️⃣ Cuando intentas parar, descubres que no puedes. Pero para entonces, el daño ya está hecho.

🔥 Lo que antes era “nada grave” ahora te controla.

La minimización te mantiene atrapado en un ciclo destructivo
Si sigues diciéndote que "no es tan grave", pregúntate esto:

¿Qué tanto ha avanzado esto en mi vida?

¿Cuántas veces he dicho que iba a parar… pero sigo aquí?

¿Cómo estaría mi vida si hubiera tomado esto en serio desde antes?

💡 Piensa en una gotera en el techo de una casa. Al principio, es solo una pequeña filtración. No parece urgente. Pero con el tiempo, el agua va debilitando la estructura… hasta que un día el techo colapsa.

Así funcionan los hábitos destructivos. No destruyen tu vida de un solo golpe. Lo hacen poco a poco, mientras sigues diciéndote que "no es tan grave".

📌 Señales de que la minimización ya te está afectando:
✅ Cada vez necesitas más de eso para sentirte bien.
✅ Se ha convertido en tu forma de manejar el estrés o la soledad.
✅ Ya has intentado parar, pero siempre vuelves.
✅ Te sientes culpable después de hacerlo, pero justificas volver.
✅ Afecta tu relación con Dios, tu pareja o tus emociones… pero sigues.

🚨 Si te identificaste con al menos uno de estos puntos, es momento de hacer algo.

Cómo romper con la minimización y tomar el control
1️⃣ Deja de compararte con otros

El hecho de que otros tengan problemas más grandes, no hace que el tuyo desaparezca.

La comparación te da excusas para no hacer cambios.

2️⃣ Enfréntalo por lo que realmente es

Pregúntate: "Si sigo así en 5 años, ¿cómo será mi vida?"

Imagina que alguien más estuviera en tu lugar. ¿Le dirías que “no es para tanto”?

3️⃣ Usa la verdad para contrarrestar las excusas

Reemplaza "No es tan grave" por "Cada decisión que tomo hoy define mi futuro."

Reemplaza "Podría ser peor" por "Esto no me está llevando a donde quiero estar."

4️⃣ Pide ayuda antes de que sea tarde

No esperes a que el problema sea incontrolable.

Buscar ayuda no es señal de debilidad, es señal de inteligencia.

Elige ver la realidad antes de que sea tarde
La minimización es un enemigo silencioso, porque te hace creer que no tienes un problema… hasta que ya no puedes salir.

Hoy es el día para hacerte una pregunta honesta:

"¿Estoy diciéndome excusas para no enfrentar lo que realmente está mal en mi vida?"

Si la respuesta es sí, es momento de hacer algo antes de que el techo colapse.

✍️Haydem Lema

31/10/2024

Tu estómago almacena tu rabia por ti. Cada vez que reprimes lo que te molesta, lo que te frustra o lo que te irrita, ¿dónde va a parar? A tu estómago. Si juegas con la palabra estómago puedes leer “se mago”. Quiere decir que tu bola de cristal es el estómago. Si sabes leer lo que tu estómago hace por ti tendrás más conciencia de tus emociones no resueltas para después canalizarlas. Te propongo un ejercicio poderoso: Lleva tus dos manos a tu estómago, por encima del ombligo. Siente la energía que hay en tu estómago. Dile: “Ahora veo lo que llevas por mi”. Respiralo. “Gracias por las veces que has sostenido mis emociones”. Respiralo. “Lo siento por las veces que has acumulado rabia y tristeza que yo no me he permitido sentir. Lo siento”. Respiralo. Podrás experimentar como tu estómago responde, de repente se va relajando. Es lo que yo llamo el “estómago sonriendo”. En el estómago nace la risa. De hecho en mi formaciones de Tarot y Árbol Genealógico podemos observar en el arcano 17 La Estrella, justo en el centro de su estómago, una “boca”. ¿Qué simboliza? La risa del estómago. Una persona que tiene un estómago feliz es una persona emocionalmente sana, centrada y equilibrada. Te propongo otro ejercicio poderoso: Lleva de nuevo tus dos manos a tu estómago. Muy poco a poco, empieza a sonreír, mientras dices: “Querido estómago, sonrío contigo. Sonrío Tu estómago almacena tu rabia por ti. Cada vez que reprimes lo que te molesta, lo que te frustra o lo que te irrita, ¿dónde va a parar? A tu estómago. Si juegas con la palabra estómago puedes leer “se mago”. Quiere decir que tu bola de cristal es el estómago. Si sabes leer lo que tu estómago hace por ti tendrás más conciencia de tus emociones no resueltas para después canalizarlas. Te propongo un ejercicio poderoso: Lleva tus dos manos a tu estómago, por encima del ombligo. Siente la energía que hay en tu estómago. Dile: “Ahora veo lo que llevas por mi”. Respiralo. “Gracias por las veces que has sostenido mis emociones”. Respiralo. “Lo siento por las veces que has acumulado rabia y tristeza que yo no me he permitido sentir. Lo siento”. Respiralo. Podrás experimentar como tu estómago responde, de repente se va relajando. Es lo que yo llamo el “estómago sonriendo”. En el estómago nace la risa. De hecho en mi formaciones de Tarot y Árbol Genealógico podemos observar en el arcano 17 La Estrella, justo en el centro de su estómago, una “boca”. ¿Qué simboliza? La risa del estómago. Una persona que tiene un estómago feliz es una persona emocionalmente sana, centrada y equilibrada. Te propongo otro ejercicio poderoso: Lleva de nuevo tus dos manos a tu estómago. Muy poco a poco, empieza a sonreír, mientras dices: Querido estómago, sonrío contigo. Sonrío contigo. Sonrío contigo.

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