krisubach
27/01/2026
¡SEGUNDA EDICIÓN!
Cuando salió este libro hace unos meses, di las gracias a todos los napolitanos que me habían abierto las puertas de sus talleres, de sus casas y en definitiva, de sus vidas. Nunca podré desvincularme emocionalmente de Nápoles y de su gente.
Hoy me toca agradecéroslo a vosotros.
A quienes me habéis leído y me habéis mandado un millón de mensajes: seguid haciéndolo, por favor. Saber lo que pensáis es siempre un regalo.
Gracias a libreros y libreras, que me tenéis en el escaparate, en las mesas y en los estantes.
Gracias a los compañeros de profesión, que me habéis dedicado minutos en televisión, en radio, en podcasts y en páginas de papel o medios digitales.
Gracias a los clubs de lectura que me habéis elegido para vuestras tertúlias literárias.
Sin todos vosotros, esta cuesta (que es el mundo literario) hubiera sido mucho más difícil de subir.
Muy feliz
14/10/2025
El primer relato en nórdico antiguo sobre las norðrljós (luces del norte) lo encontranos en la crónica noruega Konungs Skuggsjá, del año 1230 d.C.
El cronista conoce este fenómeno por unos compatriotas que han viajado a Groenlandia y cree que el fenómeno puede tener tres posibles explicaciones: que el océano está rodeado por enormes fuegos o que las llamaradas solares pueden dar la vuelta al mundo.
Y mi favorita: que los glaciares podían almacenar energía hasta volverse fluorescentes.
15/09/2025
La Ruta de la Seda nunca existió como tal. Matizo: nunca fue un recorrido lineal de A a B, sino que en realidad se trató de una extensa red de itinerarios que partían desde el corazón de
China y recorrían toda Asia en dirección al Mediterráneo ya desde el siglo II a.C.
Y el nombre “Ruta de la Seda” no se usó nunca hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el viajero alemán Ferdinand von Richthofen acuñó el nombre “Seidenstrasse” refiriéndose (de manera altamente romantizada) a uno de aquellos bienes que desde Oriente viajaban a Occidente.
persianarchitecture
01/09/2025
“A la vera de los acantilados, la estructura para el baño no invita en absoluto. Sobre la abrupta orografía de este escueto litoral se han construido una serie de terrazas cimentadas sobre las que reposa una piscina, un bar e innumerables tumbonas. El mar choca contra los farallones de roca y levanta crestas de espuma que caen chisporroteando sobre el cemento que pavimenta el suelo (…) Hay bandera roja, rojísima. Solo dos personas toman el sol tumbadas sobre un asfalto que parece estar muy lejos de ser confortable”.
Nápoles, el fuego del Mediterráneo (Ed. Península 2025)
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