Arte Alberto Rubio
PARTE 2 I San Juan de Ávila en la aurora de su sacerdocio
En esta segunda parte del proceso comparto algunos momentos clave de la obra: desde la corrección del rostro, buscando una expresión más fiel al personaje, hasta nuevas capas de trabajo que aportan calidez y naturalismo a la pintura.
También se reajustan elementos como el cabello, acercándolo al lenguaje pictórico propio del siglo XVI, tiempo en el que vivió el santo.
Detrás de cada cuadro hay muchas horas que no siempre se ven. Por eso aquí recojo solo algunos fragmentos del proceso.
Realizar una obra así también requiere documentación previa: estudiar la iconografía del santo y los espacios ligados a su historia. Para el fondo he tomado referencias de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, templo donde celebró su primera misa.
El cierre llega con el barniz final, que protege la superficie y devuelve profundidad a los colores.
Segunda parte del proceso.
Si en el inicio la composición buscaba asentarse, ahora todo converge en el rostro. La Inmaculada deja de ser solo imagen para convertirse en presencia: una mirada serena, suspendida entre lo humano y lo divino, donde la luz ya no describe, sino que revela.
En esta fase, el color se depura y la materia se vuelve más sutil. Desaparece lo accesorio y permanece lo esencial. La pintura empieza a hablar por sí misma, acercándose a esa idea de belleza silenciosa que ha atravesado siglos de historia del arte.
El proceso continúa, pero la intención ya es clara: no representar, sino sugerir lo inalcanzable.
25/01/2026
Un amanecer en Doñana, óleo sobre tabla.
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