Denominamos «Sexología Sustantiva» a la disciplina científica que estudia los s**os; por lo tanto sus diferencias, sus identidades, sus mixturas y sus interacciones (tanto públicas como íntimas). Tratando de evitar improductivos equívocos, los sexólogos sustantivos formulamos nuestro objeto epistémico en plural; con ello queremos subrayar que no se trata de comprender «el s**o» (que es uno y singu
lar), sino «los s**os»(que son dos y plurales). A lo largo de la historia, ha sido tal -y tanta- la «conductualización», la «genitalización» y la «coitalización» del concepto «s**o», que muchas veces el término es sinónimo de «jodienda». No se trata de desmerecer o desconsiderar la conducta sexual, los genitales, el coito, el placer o la procreación cuanto de centrar el marco de referencia propiamente s**ológico. Pues lo central, al menos en Sexología Sustantiva, no son los genitales, ni lo que con ellos pueda hacerse, sino «lo que somos» en tanto que sexuados y cómo interactuamos en tanto que tales. Hoy tenemos certeza plena de que el s**o no «se hace», ni «se tiene»: el s**o «se es». Porque somos sexuados -y precisamente por ello-, somos hombres y somos mujeres. El s**o no es disyuntivo, sino conjuntivo; así pues, no somos ándricos o gínicos (azules o rosas), sino que somos ándricos y gínicos (azules y rosas). O sea, somos «ginándricos», pues la intersexualidad no es la excepción, sino la norma. Así que, todos y todas tenemos –mucho o poco– de «lo uno» (lo que tenemos como «propio») y de «lo otro» (lo que tenemos como «ajeno»). Así pues, los s**os insoslayablemente, interactúan y conviven. Consideramos que el mayor desafío que el siglo XXI depara a las democracias occidentales es la creación, consolidación e inculturación de un nuevo orden sexual que promueva la convivencia y cooperación entre los s**os.