Pastor Marcos- IIGD

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07/05/2026

La forma en que percibimos a Dios tiene consecuencias reales y concretas en nuestras vidas.

La forma en que vivamos la vida cristiana depende de esto. De acuerdo a cómo creamos que es Dios, se verá afectada profundamente nuestra vida emocional.

Una de las formas distorsionadas en que podemos ver a Dios es como si fuera un castigador siempre enojado, siempre decepcionado con nosotros.

Esto es muy propio del legalismo. Es como si él nos entregara un listado de leyes y reglas, y cumplirlas todas es la única forma de ganarnos su amor y su aprobación.

Como es de esperar, no podemos hacerlo, fallamos, lo hacemos mal. Por lo que vivimos con culpa, frustrados, enojados, llenos de autoexigencia y sentimientos de fracaso.

Con miedo de acercarnos a Dios, ya que él está enojado y decepcionado con nosotros. Y cuando nos acercamos, lo hacemos prometiendo ser mejores y esforzarnos más.

Pero luego volvemos a fallar, repitiendo nuevamente el ciclo.

Y si no podemos acercarnos a él, ¿de dónde obtendremos las fuerzas para vivir una vida que le agrade?

Necesitamos volver a traer a nuestra mente y a nuestro corazón la verdad sobre cómo es Dios.

Dios está lleno de Gracia, Misericordia y Perdón (Salmos 145:8-9; Efesios 2:4-5).

Por supuesto que es un Dios santo, que aborrece el pecado y no lo dejará sin castigo. Pero la maravilla del evangelio es que ese castigo ya fue sufrido por Cristo en la cruz (1 Pedro 2:24; Isaías 53:6), no tenemos que cargarlo nosotros.

Cuando Dios ve a sus hijos, los ve con amor y misericordia. Aunque fallemos, aunque no demos la talla, aunque en ocasiones nos frustremos con nosotros mismos, esto no cambia en nada la forma en que Dios no ve, ni el amor tierno que siente por nosotros.

No es por ningún mérito nuestro que podemos disfrutar de este amor inamovible, sino porque cuando nos mira, nos ve en Cristo Jesús.

Pr. Marcos

23/01/2026

DOS CRUCES, UNA DECISIÓN

Que la paz sea con todos.

La Biblia dice que junto a Jesús fueron crucificados dos malhechores, uno a su derecha y otro a su izquierda. Ambos estaban en la misma condición, clavados, condenados y a punto de morir. Compartían el mismo castigo, el mismo dolor y el mismo final humano. Sin embargo, sus corazones tomaron caminos opuestos.

Uno de ellos, miró a Jesús con burla. Lucas 23:39 relata que le decía: “Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros”. No habló desde la fe, habló desde el orgullo herido. No pidió perdón, exigió una prueba. Su dolor no lo llevó a reflexionar, sino a endurecerse. Estaba tan cerca del Salvador, pero tan lejos en espíritu.

El otro, reaccionó distinto. Al escuchar la burla, reprendió a su compañero y reconoció su propia culpa. Lucas 23:40–41 dice que declaró que ellos recibían el castigo justo por sus hechos, pero que Jesús no había hecho ningún mal. En ese momento, uno hizo algo que cambia destinos: reconoció su pecado y defendió la inocencia de Cristo.

Luego miró a Jesús y pronunció una súplica sencilla, sin discursos ni méritos: “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lucas 23:42). No pidió ser bajado de la cruz. No pidió escapar del sufrimiento. Solo pidió ser recordado. Esa petición nacía de la fe, no del miedo.

La respuesta de Jesús fue inmediata y llena de gracia: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). En medio del dolor, Jesús abrió una puerta eterna. El no tuvo tiempo de cambiar su pasado, pero sí de entregar su corazón. Su fe, aun en los últimos instantes, fue suficiente.

Esta escena revela una verdad profunda. La salvación no depende del tiempo que alguien haya caminado con Dios, sino de la sinceridad con la que se arrepiente. Uno vio a Jesús y lo rechazó. El otro vio a Jesús y confió. Ambos estaban igual de cerca físicamente, pero espiritualmente estaban en extremos opuestos.

La cruz de Cristo no solo separó el cielo de la tierra, también separó corazones. Allí quedó claro que el arrepentimiento abre puertas que la burla cierra. Que la fe humilde alcanza promesas que el orgullo desprecia.

Uno murió clavado a una cruz, pero su alma fue levantada por la misericordia. El otro murió aferrado a su desprecio. Dos decisiones, dos destinos. Y la misma oportunidad frente al mismo Jesús.
Porque la gracia sigue siendo ofrecida hasta el último aliento, pero solo es recibida por quien se atreve a creer.

Domingo 2/11/25 9:30hs " No seas alimento de la Sepiente" 02/11/2025

Bendiciones!!! Aquí dejo el link de la reunión de hoy..

Domingo 2/11/25 9:30hs " No seas alimento de la Sepiente" Enjoy the videos and music you love, upload original content, and share it all with friends, family, and the world on YouTube.

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