Aula Mayor
28/09/2025
Todos en el barrio de San Miguel, en Lima, conocen al “Tío Mario”. Con su gorra ladeada, su carrito de helados a rayas azules y blancas, y su silbato característico, lleva más de cuarenta años recorriendo las calles, sin faltar ni un solo verano.
Pero pocos saben que don Mario Sifuentes, a sus 80 años, aprendió a leer… por primera vez.
—¿Tan mayor y recién aprendiendo? —le preguntó un niño una vez.
—Nunca es tarde para ver con nuevos ojos —respondió, sonriendo con los pocos dientes que le quedan.
Don Mario empezó a trabajar a los 8 años. Su padre murió joven, y él tuvo que dejar la escuela para vender caramelos en los buses. Luego vinieron los trabajos de cargador, albañil, ayudante de cocina… y por último, el de heladero.
—Siempre me sentí útil, pero también siempre me sentí ignorante —confesó en una entrevista local—. No poder leer era como andar con una venda en los ojos.
Durante décadas fingió saber. Memorizaba los nombres de las calles, se aprendía los precios por colores, y reconocía las monedas por el tacto. Incluso inventaba excusas para no firmar papeles. Nadie lo notaba. Hasta que un día, su nieta le entregó un regalo: un libro de cuentos infantiles con dibujos grandes y letras claras.
—Te lo leo, abuelito, si tú me enseñas a preparar helados —le propuso.
Esa tarde, don Mario sintió algo distinto. No era vergüenza. Era deseo. Deseo de entender por sí mismo esas letras.
—¿Y si me enseñas a leer? —preguntó, casi con miedo.
Su nieta, de solo 9 años, se convirtió en su maestra. Con una pizarra de cartón, una tiza de colores y una paciencia infinita, empezó por el abecedario. Luego sílabas. Después palabras. Día tras día, entre ventas y risas, los helados y las letras se mezclaban en las tardes limeñas.
—A veces leía “vaca” y decía “paca”, pero ella me corregía sin burlarse nunca —contaba él, emocionado.
A los 81 años, pudo leer completo el primer cuento por sí solo. Era uno sobre un zorro que se perdía en el bosque, pero encontraba el camino usando señales.
—Me sentí ese zorro. Tarde, pero encontrando el camino.
La historia se volvió viral cuando un cliente habitual grabó a don Mario leyendo en voz alta desde su carrito, rodeado de niños que lo escuchaban como si fuera un abuelo de cuentos.
Una ONG local se ofreció a apoyarlo. Le regalaron libros adaptados, gafas nuevas, y un diploma simbólico: “Lectura Honorífica a la Perseverancia”.
Pero lo que más atesora don Mario no es el diploma, sino una carta.
Una que escribió él mismo, con letra temblorosa y tinta azul, y que entregó a su nieta un 24 de diciembre:
“Gracias por abrirme el mundo, hijita. Ahora puedo leer hasta los carteles de la calle. Pero lo mejor de todo… es que puedo leer tus cartas. Y decirte: te quiero con palabras que ahora sí entiendo.”
Hoy, don Mario sigue vendiendo helados. Pero cada vez que su carrito se detiene, saca un libro del compartimento trasero y lee un poco. A veces, incluso, lee en voz alta para los niños.
Y en su carrito, al lado del menú de sabores, hay un cartel nuevo:
“Hoy también se regalan historias.”
Porque hay conquistas que no hacen ruido, pero abren mundos.
Y hay días en que un hombre de 80 años, con un libro en la mano… es el niño más feliz del barrio.
12/10/2024
Sesión de la Comisión de Personas Mayores de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina.
Exposición de Sol Rodriguez Maiztegui sobre la realidad que viven hoy las personas mayores que quedan fuera de las politicas de inclusión digital, que padecen la soledad no deseada y la invisibilización social por la mirada viejista que predomina en esta cultura que enaltece la juventud y demoniza la vejez. Felicitaciones
Sol Rodríguez Maiztegui en la Com. de Personas Mayores de la HCDN - 13 de agosto de 2024. https://acrobat.adobe.com/id/urn:aaid:sc:VA6C2:cf1fcb6f-8acd-478a-8b64-485b922fab6cInvitada por la diputada nacional por "Hacemos por el país" Dra. Alejandra...
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