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Ladagoval is a member of the Inter American Press Association, the National Association of Journalists, an Psychological Association.Blog Ladagoval is a free-press project that feeds on ideas, thoughts, analysis,reflections, testimonies,reports, and news. Aprende amarte, respetarte y se honesto contigo mismo para que lo practiques con el resto del mundo.

04/22/2026

"La pobreza en venta: cuando el sufrimiento se manipula y se convierte en contenido".

La miseria, la pobreza, la lástima y el dolor no son solo realidades sociales: son historias que, en manos de ciertos creadores de contenido, se transforman en mercancía.

Desde algunos canales que cubren la realidad cubana, la exposición reiterada de tragedias personales funciona menos como denuncia y más como estrategia para captar vistas, likes y donaciones.

Mostrar la vulnerabilidad humana sin contexto ni propósito transformador —sin procesos que busquen soluciones estructurales— despoja a las personas de su dignidad y convierte sus vidas en un recurso narrativo explotable. Esta tendencia no es un simple reciclaje del “jineterismo” conocido; ha sufrido una metamorfosis: se privatiza la visibilidad del sufrimiento y se monetiza la compasión ajena, generando una economía de la lástima donde los incentivos premian la crisis permanente en lugar de su erradicación.

Albert Bandura, en su teoría sobre la desinhibición moral y el “moral disengagement”, explica cómo las personas y las instituciones racionalizan conductas que en condiciones normales considerarían indebidas. Aplicado a los medios digitales, creadores y amplificadores pueden neutralizar sus remordimientos al:

a) Deshumanizar o cosificar a quienes sufren (presentarlos como “contenidos”).

b) Minimizar la responsabilidad propia al atribuirlo al “interés informativo” o a la demanda del público.

c) Difundir narrativas que justifican la explotación como medio para un fin (por ejemplo, recaudar dinero).

Bandura ayuda a entender por qué la explotación mediática del sufrimiento prospera: no siempre nace de malicia consciente, sino de procesos psicológicos que permiten normalizar prácticas éticamente cuestionables.

Conclusión, la exposición mediática del dolor ajeno exige una mirada crítica y ética. Como audiencia debemos desarrollar alfabetización mediática: preguntar quién se beneficia con la historia, cómo se contextualiza la crisis, si la persona protagonista participa con agencia y si el relato orienta hacia soluciones estructurales o solo perpetúa la emoción inmediata.

Como creadores y plataformas, la responsabilidad implica priorizar la dignidad humana —consentimiento informado, restitución, acompañamiento y conexión con iniciativas que enfrenten las causas— sobre la monetización fácil. Y como sociedad, combatir la pobreza requiere políticas públicas, redes de apoyo y procesos de empoderamiento, no la conversión del sufrimiento en espectáculo. Solo al reemplazar la economía de la lástima por una ética de la solidaridad podremos transformar relatos en respuestas reales.

Los invito a reflexionar sobre este tema y a, día a día, buscar ser mejores seres humanos.

Ladagoval
21/04/2026

04/04/2026

"En la Cruz: Reconocimiento, Conversión y Sanación"

Hoy, viernes santo, nos presentamos ante la Cruz con el peso de nuestras faltas. No se trata sólo de un lamento litúrgico, sino de un diagnóstico íntimo: como individuos y como comunidad hemos permitido que la ambición, el egoísmo y la indiferencia marchiten nuestra humanidad.

Desde la psicología, esto puede leerse como un patrón de desregulación moral y afectiva: la sobredimensión del yo (narcisismo situacional), la pérdida de empatía por habituación al sufrimiento ajeno, y la anestesia emocional que surge cuando la sociedad valora el logro por encima del cuidado.

Reconocer la culpa y la vergüenza es el primer paso. La culpa nos señala lo que hemos hecho; la vergüenza puede paralizarnos si se torna globalizadora de la persona. La Psicología pastoral y clínica nos enseñan que el camino salvífico implica nombrar la falta, responsabilizarse sin autoaniquilación, y abrirse al proceso reparador: sinceridad, arrepentimiento y acciones concretas de restitución y servicio.

La fe cristiana sostiene que el sacrificio de Cristo no es un pago que nos exonera de la transformación, sino la gracia que nos impulsa a cambiar; es invitación a recibir perdón y, a la vez, a asumir la misión de amar como Él amó.

Decimos: “Perdónanos, Señor”. No como frase vacía, sino como compromiso. Reconocemos la ambición desmedida que arranca lazos; el ego que nos aísla de la realidad compartida; el odio y la apatía que silencian el rostro del hermano. Pedimos perdón y pedimos fuerza para cultivar la empatía, la esperanza y el amor activo: presencia, escucha, servicio y justicia. Que la vergüenza sea puente hacia la humildad transformadora, no tumba que nos inmovilice.

Pasaje bíblico que nos ayuda a enriquecer está reflexión.

Lucas 23:34: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.”

En este versículo, Jesús perdona a quienes lo crucifican. Teológica y psicológicamente, la frase revela varias realidades:
1) Reconoce la condición humana marcada por la ignorancia moral —acciones dañinas a menudo nacen de heridas, miedo o ceguera ética.
2) El perdón se anticipa al juicio retributivo y abre espacio para la reconciliación.
3) Ofrece un modelo de compasión que no minimiza el mal, pero sí rompe el ciclo de venganza. Aplicado a nuestra reflexión, el perdón de Cristo nos convoca a transformar la culpa en responsabilidad reparadora y a mirar al otro con misericordia, sin eludir la exigencia de enmendar.

Conclusión: en este Viernes Santo, el llamado es doble: reconocer con verdad nuestras heridas y nuestras faltas, y permitir que esa verdad nos convierta. La experiencia religiosa y las herramientas psicológicas convergen en una misma dirección: sanar requiere ver, nombrar, pedir perdón y comprometerse en actos concretos de reparación y amor. El perdón recibido en la Cruz nos libera para amar sin máscaras; pero ese don exige una respuesta: ser agentes de reconciliación en nuestras familias, comunidades y estructuras sociales.

Prácticas sugeridas para convertir la culpa en vida:

- Examen de conciencia diario: identificar una acción concreta a reparar.
- Actos de servicio: ayudar a alguien herido por nuestras omisiones.
- Confesión y reparación cuando sea necesario.
- Cultivar la empatía: escuchar sin justificar ni minimizar.
- Oración contemplativa por la transformación personal y colectiva.

Perdónanos, Señor —y danos el valor para cambiar—.

Los invito a reflexionar sobre este tema y a buscar cada día ser mejores seres humanos.

Ladagoval
03/04/2026

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