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"Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito..." (1 Corintios 12:21)
Dios diseñó a Su iglesia como un cuerpo donde cada miembro tiene un propósito único. Nadie es insignificante y nadie es autosuficiente. Cuando aprendemos a valorar a nuestros hermanos y a servir juntos, reflejamos el diseño perfecto de Cristo para Su pueblo.
1 Corintios 12:21 (RVR1960)
"Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros."
“Y vino Jehová y se paró, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, porque tu siervo oye.”
1 Samuel 3:10
Samuel escuchó una voz en la noche… pero pensó que era Elí.
Corrió una y otra vez al lugar equivocado, hasta que entendió que quien lo llamaba era Dios.
Así vivimos muchas veces.
Rodeados de ruido, preocupaciones y distracciones… mientras Dios sigue hablando en silencio al corazón.
Lo más impactante es que la Biblia dice:
“Y vino Jehová y se paró.”
Dios no habló desde lejos.
Se acercó.
Porque cuando Dios quiere marcar una vida, Él mismo se aproxima a la persona que está dispuesta a escuchar.
Y quizás hoy, en medio de tu cansancio o confusión, Dios también está llamando tu nombre.
La pregunta no es si Dios habla.
La pregunta es si todavía estamos dispuestos a responder como Samuel:
“Habla, porque tu siervo oye.”
Una sola palabra de Dios puede cambiar completamente tu destino.
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