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30/04/2025
PAZ EN EL CORAZÓN
“La Paz esté con ustedes”, dijo Jesús a sus discípulos cuando se les apareció después de resucitado. Y me puse a pensar porqué Jesús diría esa frase con ese deseo implícito. Y caigo en la cuenta que el sentimiento de paz es la base de cualquier otro que nos lleva a la felicidad y a la plenitud de nuestra vida. La paz, significa ausencia de conflicto, ausencia de miedo. Y donde no hay miedo, habita el amor. Los hippies en los años sesentas y setentas, durante la guerra de Vietnam, pregonaban el famoso: “Paz y Amor”, recreando las palabras de Jesús y promoviendo el final de ese conflicto que ya había causado una infinidad de muertes.
Sin embargo, la verdadera paz comienza en el corazón de cada uno, sin ella, ni siquiera el amor es posible. Un corazón con heridas del pasado necesita sanar para estar en paz, y entonces poder amar. Pero, para sanar todo el miedo, el rencor y el remordimiento qué hay en nuestro corazón, hay que cambiar los pensamientos que tenemos respecto a todo aquello que trae las emociones que nos quitan la paz. Muchos de nosotros seguimos cargando heridas del pasado; indiferencia, violencia, y muerte, que al recordarlas, nos traen sufrimiento y nos enferman.
Y precisamente por esa razón, Jesús, antes de sanar a una persona, le perdonaba sus pecados, limpiando, primeramente, sus pensamientos y emociones que le limitaban.
“Jesús volvió a la barca, cruzó de nuevo el lago y vino a su ciudad. Allí le llevaron a un paralítico, tendido en una camilla. Al ver Jesús la fe de esos hombres, dijo al paralítico: «¡Animo, hijo; tus pecados quedan perdonados!». Algunos maestros de la Ley pensaron: «¡Qué manera de burlarse de Dios!» Pero Jesús, que conocía sus pensamientos, les dijo: «¿Por qué piensan mal? ¿Qué es más fácil decir: “Quedan perdonados tus pecados” o “Levántate y anda”? Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene autoridad en la tierra para perdonar pecados.» Entonces dijo al paralítico: «Levántate, toma tu camilla y vete a casa.» Y el paralítico se levantó y se fue a su casa.” Mateo 9 2-8
Si algún evento del pasado te sigue trayendo sufrimiento o si alguna enfermedad te está sumergiendo en el dolor, pon en paz tu mente y tu corazón, respira profundo y enfoca toda tu atención en Jesús. Una vez en ese estado, solicítale el perdón de tus pecados. La paz llegará a ti y entonces, sanarás. Tu Fe es la disposición total de tu ser para ser sanado. Es tu pensamiento, tu creencia y el poder total que le otorgas a Él, para sanarte. Tal como lo hizo aquella mujer;
"Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que no había podido ser curada por nadie, se acercó por detrás y tocó la orla de su manto, y al punto se le paró el flujo de sangre. Jesús dijo: «¿Quién me ha tocado?» Como todos negasen, dijo Pedro: «Maestro, las gentes te aprietan y te oprimen». Pero Jesús dijo: «Alguien me ha tocado, porque he sentido que una fuerza ha salido de mí». Viéndose descubierta la mujer, se acercó temblorosa, y postrándose ante él, contó delante de todo el pueblo por qué razón le había tocado, y cómo al punto había sido curada. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz.” (Lucas 8,43-48)
GEL
13/05/2024
VIAJERO EN EL TIEMPO
me dijo.
contesté totalmente confundido.
dijo con mucha serenidad.
Me quede pensando un momento en lo que había dicho y le pregunté emocionado: .
Me vio directo a los ojos y dijo: .
Tomé unos segundos y le dije: .
Él, sonrió, suspiró y dijo seriamente: .
pregunté extrañado.
dijo.
pregunté intrigado.
dijo, abriéndome al máximo sus ojos.
Me quedé callado un momento pensando sobre lo que acababa de decir y dije: .
respondió.
volví a preguntar con curiosidad.
contestó.
dije todavía dudoso.
contestó, y añadió: . E insistió: .
le dije muy entusiasmado.
Con una mirada extrañamente tierna, me miro y dijo: .
GEL
30/10/2022
EL CANTO DEL COLIBRÍ
Tomando el sol por la tarde
Sentado junto al jardín
Escuché el hermoso canto
De un singular colibrí
Con una pertinaz prisa
Volaba de flor en flor
Oliendo sus aromas
Y probando su sabor
De pronto en un parpadeo
Detuvo su veloz vuelo
Y prendiéndose de una rama
Me dirigió su mirada
Sentí su vibrante presencia
Y percibí que la mía sintió
De momento paró mi existencia
Y creí escuchar a Dios
¿Oyes el canto del pájaro?
¿Sientes el calor del sol?
¿Qué más tú necesitas
Para sentir mi amor?
No supe que contestar
Pero en seguida aprendí
Que para estar feliz
Solo basta Dios
¡Cuánto me afano en tener!
¡Cuánto me esfuerzo en saber!
Si lo que realmente existe
Es el placer de ser
Gracias te doy colibrí
Por la paz que me has traído
Espero como tú algún día
Cantar mientras camino
Llevar calor donde vaya
Disfrutar de mí alrededor
Poner pasión en lo que haga
Y encender mi luz de amor
GEL
28/08/2022
EL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO
“Y le dijo Dios al hombre: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, de cierto morirás”, dice el libro del Génesis.
Nuestra esencia al nacer es totalmente amorosa, somos vírgenes de pensamiento y puros de corazón. ¿Pero qué sucede después? El mundo, incluidos en él nuestros padres, familia y gente cercana, nos tentarán sin descanso para comer el fruto del árbol del bien y del mal. Y lo comeremos día tras día. Seremos pequeños dependientes inocentes obedeciendo fielmente lo que habrán de enseñarnos: su ciencia, su bien y su mal, su propio conocimiento. Y en ese momento comenzaremos a morir. Moriremos al amor esencial, moriremos a la verdad, moriremos a la vida. E iremos poco a poco convirtiéndonos en ese conocimiento heredado y ajeno. Dejaremos de ser nosotros mismos para convertirnos en una falacia, en un invento, en una caricatura. Seres eternos e infinitos incorporados, que caeremos sin más remedio en el pecado mundano que nos llevará a la muerte. La muerte primera, nuestra razón (pensamientos). La muerte segunda, nuestro corazón (emociones). Y la muerte tercera, nuestra fuerza (cuerpo). Y quizá en el último instante de nuestra vida surja un destello de conciencia que comprenda lo que verdaderamente éramos. Quizá en ese último aliento nuestra alma suspire por haber perdido el jardín del edén a cambio del grandioso mundo del conocimiento. El pecado nos habrá traído la muerte irremediablemente. ¿Pero acaso la muerte primera podrá evitarse? ¿Y la segunda? ¿Y la tercera? ¿Acaso podemos dejar de comer el fruto prohibido y evitar la muerte? Jesús dice que sí, pero habrá que morir a nosotros mismos para volver a nacer. Habrá que sacar cualquier vestigio de conocimiento adquirido, habrá que purificar hasta el último rincón de nuestro corazón. Habrá que vivir nuevamente de manera innata, esencial para dar cabida al ser verdadero, al ser amoroso que somos. Vaciarnos de todo para llenarnos de nada. Porque no necesitamos nada, ya lo somos todo.
GEL