Without Identity - Mx
18/12/2025
Nos alejamos en el tiempopara entrar en los pasillos del poder real, donde el "chisme" deja de ser leyenda urbana para convertirse en un registro histórico de las obsesiones que definieron el inicio del nuevo milenio. Si hablamos de la década de los 2000 en México, no existe un relato que combine mejor el morbo, la política y lo sobrenatural que el de Marta Sahagún, la entonces Primera Dama, y su presunta red de "brujería política" para asegurar su permanencia y la de Vicente Fox en el poder.
Este no es solo un rumor de pasillo; fue documentado con rigor por el periodista José Gil Olmos en su investigación "Los Brujos del Poder", la cual reveló una faceta de la administración foxista (2000-2006) que parecía más propia de una corte medieval que de una democracia moderna.
El Ascenso de la "Pareja Presidencial" y el Caldo de Toloache
Para entender el nivel de morbo que rodeaba a "Martita", como la llamaba el pueblo, debemos recordar que ella pasó de ser la vocera de la presidencia a la esposa del presidente en un movimiento que escandalizó a los sectores más conservadores. Sin embargo, detrás de las fotos oficiales en la residencia de Los Pinos, se gestaba una historia mucho más oscura. Según testimonios de empleados y allegados, Marta Sahagún habría utilizado métodos esotéricos para "amarrar" la voluntad de Vicente Fox.
Uno de los datos más persistentes y perturbadores de esa época fue el uso del toloache. Se dice que la Primera Dama suministraba esta planta, conocida por sus propiedades alucinógenas y su uso tradicional en "hechizos de amor", en las bebidas del presidente para mantenerlo dócil y bajo su influencia directa. El morbo nacional crecía cada vez que Fox cometía un desliz verbal o tomaba decisiones erráticas; la gente no veía a un político distraído, sino a un hombre "hechizado" por la mujer que realmente movía los hilos del país.
Los Brujos de Los Pinos: Un Centro Esotérico en el Poder
La historia escala cuando los rituales dejan de ser personales y se vuelven de Estado. Durante la década de los 2000, se reportó que la residencia oficial de Los Pinos se transformó en un centro de reuniones para santeros, chamanes y brujos de diversas regiones de México, incluidos expertos de Catemaco, Veracruz. Estos personajes no entraban por la puerta trasera; eran consultados para realizar limpias energéticas en las oficinas presidenciales, con el fin de proteger la gestión de las "malas vibras" de los opositores.
Lo que genera un morbo profundo es la contradicción: mientras la pareja presidencial se presentaba como ferviente católica (incluso con vínculos cercanos a los Legionarios de Cristo), en la privacidad de sus habitaciones se realizaban rituales de alta magia. José Gil Olmos detalla en su obra cómo Marta Sahagún buscaba desesperadamente la aprobación de fuerzas ocultas para cumplir su máximo sueño: convertirse en la primera mujer presidenta de México, un proyecto que ella misma denominó "la continuidad". Se dice que en estos ritos se utilizaban fotografías de enemigos políticos y objetos personales para "bloquear" sus carreras, mezclando el misticismo con la estrategia política más cruda.
El Declive y el Legado de las Sombras
Hacia el final del sexenio en 2006, la atmósfera en Los Pinos era descrita por quienes trabajaban allí como pesada y cargada de una extraña paranoia. El chisme de la época aseguraba que no se podía mover un mueble o pintar una pared sin antes consultar a los guías espirituales de la Primera Dama. Esta obsesión por el control místico terminó por erosionar la imagen de la pareja, convirtiendo el "chisme" de la brujería en un símbolo de la corrupción y el exceso de poder de los años 2000.
Incluso años después de dejar la presidencia, la sombra de estos rituales persiguió a Marta Sahagún. Las investigaciones sobre la fundación "Vamos México" y los nexos de sus hijos con negocios irregulares fueron interpretados por muchos como el "pago" o la consecuencia de haber jugado con fuerzas que no podían controlar. El morbo aquí radica en imaginar cómo el destino de una nación entera pudo haber estado influenciado por el humo de inciensos y las pócimas de una mujer decidida a no soltar el poder.
Este capítulo de la historia mexicana nos recuerda que el poder, incluso en la era de la tecnología y la globalización, sigue siendo terreno fértil para las creencias más antiguas y oscuras. La historia de Marta y sus brujos es el reflejo de una década donde la realidad superó a la ficción, dejando una huella de misterio en la memoria colectiva del país. Para profundizar en cómo estos temas influyeron en la política, puedes consultar el análisis de la Revista Proceso sobre los reportajes originales de Gil Olmos.
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