Bevert
21/06/2026
NO VINE A INVADIR TU FOCO. PASÉ CASI TODA MI VIDA BAJO EL AGUA PARA TENER SOLO HORAS CON ALAS.
Nací en el agua.
No en el aire.
No entre flores.
No bajo tu foco.
Viví abajo.
Entre piedras, lodo, raíces sumergidas y corriente lenta.
Allí pasé casi toda mi vida.
Meses.
A veces más.
Creciendo en silencio, respirando donde casi nadie mira, esperando una noche muy precisa: calor, humedad, lluvia reciente, el río respirando distinto.
Y cuando por fin llegó esa noche, subí.
Rompí la superficie.
Abrí alas.
Dejé atrás el agua.
No para molestarte.
No para llenar tu pared.
No para entrar a tu casa.
Salí porque esa era mi única oportunidad.
Soy una efímera.
Y si me viste girando alrededor de una lámpara después de la lluvia, quizá pensaste:
“Qué plaga.”
“Apaga eso o fumiga.”
“Se llenó de bichos.”
No parece una batalla. Pero lo es.
Porque yo no tenía semanas.
No tenía una temporada entera.
No tenía tiempo para aprender.
La mayor parte de mi vida ya había pasado.
Lo que me quedaba arriba eran horas.
Solo horas para encontrar a otra efímera.
Horas para dejar algo detrás de mí antes de caer.
Y en vez de la luna, encontré tu foco.
Blanco.
Fuerte.
Más brillante que el cielo.
Más cercano que la oscuridad verdadera.
Volé hacia él como si fuera camino.
Como si ahí estuviera la noche que necesitaba.
Pero la luz no era salida.
Era una trampa.
Di vueltas.
Chocqué contra el muro.
Caí.
Volví a subir.
Gasté en un vidrio, en un poste, en una pared caliente, el tiempo mínimo que mi cuerpo había guardado durante casi toda una vida bajo el agua.
No parece una batalla. Pero lo es.
Porque al amanecer, lo que ves en el piso parece poca cosa.
Alas transparentes.
Cuerpos finos.
Restos junto a una lámpara.
Pero ahí puede haber terminado una vida entera que esperó meses bajo el agua para tener solo una noche de cielo.
Y lo más triste es que muchas veces ni siquiera nos matan por miedo a una picadura.
Nos matan por confusión.
Porque parecemos demasiadas.
Porque nadie entiende que no venimos a invadir.
Venimos a terminar.
A cumplir el último tramo.
A desaparecer después de dejar lo único que podíamos dejar.
Si vives cerca de un río, canal, presa o laguna, y aparecen efímeras después de lluvias y calor, no fumigues de inmediato. Apaga luces exteriores que no necesites. Usa iluminación cálida y dirigida hacia abajo. Cierra cortinas. Barre al día siguiente con calma, sin convertir una noche breve en una guerra química.
Porque aquello que te pareció una plaga de una noche…
era, para nosotros, toda la vida.
Y la estábamos gastando alrededor de una luz que nunca debimos confundir con el cielo.
21/06/2026
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