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29/05/2026
De la página de Neored, muy interesante
15/05/2026
La acera como zona de peligro: una lección de la Teoría de Colas que todo futuro dueño de negocio debería aprender.
Si recorres cualquier ciudad, grande o pequeña, enseguida notas un patrón en muchos negocios de servicio: entre el mostrador y el límite de la puerta o pared que da a la calle apenas hay 30 o 50 centímetros. Es un espacio mínimo, diseñado para que el cliente entre, pida y salga... si estuviera solo.
El problema aparece cuando coinciden varios clientes en el mismo horario. Como dentro no caben, la fila inevitablemente se derrama hacia la acera. Si la acera también es estrecha —de otros 50 centímetros escasos— y la calle tiene mucho tránsito, la escena está servida: personas esperando en plena vía pública, a centímetros de los carros.
Puede que hasta ahora no haya ocurrido un accidente. Pero la probabilidad está ahí, latente. Y desde la Ingeniería Industrial —específicamente desde la Teoría de Colas— no hace falta que ocurra una desgracia para saber que ese diseño está mal. La sola exposición al riesgo ya es una falla del sistema.
No es solo un problema del negocio privado
Esto no ocurre únicamente en tiendas o cafeterías particulares. Los servicios públicos pueden caer —y caen— en el mismo error. Un ejemplo muy claro era la unidad de servicios de ETECSA en Peñas Altas, frente al 13 Plantas, Matanzas: un cubículo pequeño, climatizado, con techo y todas las condiciones para que el trabajador estuviera cómodo y realizara bien su labor.
¿Y el cliente externo? De pie, bajo el sol ardiente del trópico, a la intemperie a las inclemencias de la naturaleza. Cuando se juntaban varias personas, la espera se volvía un martirio. Recibir el servicio pasaba de ser un derecho a sentirse casi como un castigo.
La lección invisible de la Teoría de Colas
Cuando uno va a abrir un negocio, la intuición lo lleva a pensar en estética, precios o publicidad. La Ingeniería Industrial te obliga a pensar en algo mucho más básico y poderoso: el flujo de personas.
La Teoría de Colas no es simplemente matemática de filas. Es una forma de ver el negocio como un sistema vivo, donde cada centímetro cuenta. Si no diseñaste un espacio de espera digno, el cliente no desaparece: se va a la acera, al sol, al peligro. Y aunque no se vaya a la competencia, se lleva una experiencia tan mala que difícilmente regrese con gusto.
Para el cliente externo, la espera es el primer servicio que recibe. Antes incluso de hablar con quien atiende, ya está evaluando si ese lugar lo respeta.
Para el cliente interno —el trabajador— ver una fila desbordada y un cliente incómodo también genera presión. Por muy climatizado que esté su cubículo, sabe que la experiencia que se está brindando no es justa.
Un diseño pensado desde la cola, no desde el mostrador
Abrir un negocio con conciencia de colas significa preguntarse:
· ¿Dónde va a esperar la gente cuando vengan tres, cinco o diez al mismo tiempo?
· ¿Ese espacio es seguro o está a merced del tránsito y la intemperie?
· ¿Qué siente el cliente externo mientras espera? ¿Qué siente el interno al verlo así?
La respuesta a esas preguntas no es solo más metros cuadrados. A veces es un pequeño alero, una banca, un turno por número, una sombra. Pero tiene que existir algo. Porque el negocio no termina en la puerta: la experiencia del cliente empieza mucho antes de cruzar el umbral.
La Teoría de Colas existe, entre otras cosas, para recordarnos que el espacio que no le damos a las personas, el sistema lo cobra en forma de riesgo, insatisfacción y fatiga. Y que un accidente no tiene que ocurrir para que una situación sea peligrosa. Basta con que la posibilidad esté a 40 centímetros del asfalto.
Creo que deberías asesorarte o investigar.
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